Las empresas familiares –o no- y las sociedades jurídicas

Para quien desea iniciar una empresa –familiar o no- resulta de gran trascendencia discernir algunos conceptos básicos relativos a su naturaleza jurídica, pues una empresa producirá consecuencias jurídicas si bien su intención no es esa, sino que es generar ganancias a través de la producción de bienes o servicios.

            Cuando hablamos de “naturaleza jurídica” nos referimos a si la empresa es persona “física” o es persona “jurídica”. De ello depende si la responsabilidad del empresario por los daños causados a terceros es personal o no. Es decir si responde personalmente por los daños causados a terceros o si por el contrario, responde el “ente” que es la empresa.

            Entonces, hay dos tipos de “personas” reconocidas por nuestro ordenamiento jurídico: las personas físicas y las personas jurídicas. Quienes son personas físicas? Lo somos los seres humanos, seres de carne y hueso, integrantes de la especie “animal”, miembros de la “naturaleza”, al igual que los demás seres vivos o inanimados creados por Dios.

            Y qué es la persona jurídica? Es una creación del hombre destinada a favorecer el comercio y la convivencia pacífica entre los hombres que lo practican. Es un ente “moral”, a diferencia de la persona física, que es un ente “natural”.

            Y bien, la empresa en el Paraguay no es una persona jurídica a no ser que asuma la forma de sociedad. Es decir que hablar de “empresa” no es lo mismo que hablar de “sociedad”. La sociedad es el ropaje jurídico de la empresa, hay una relación similar a la que existe entre un vaso y el líquido allí contenido. El vaso es la sociedad y el contenido es la empresa. Podría existir una empresa que no asuma la forma de sociedad, pero no podría existir una sociedad que no contenga a ninguna empresa, pues la empresa es lo que proporciona su razón de ser a la sociedad.

            Recapitulando, ¿por qué estos conceptos son importantes para un empresario? Porque el empresario deberá decidir qué ropaje asumirá su empresa: si será una sociedad o será una empresa individual de responsabilidad limitada/o ilimitada. Y de esa decisión depende si su responsabilidad por los daños causados a terceros será personal o no lo será, y en caso de ser personal, si responderá con todos sus bienes o solo con los bienes aportados a la empresa.

      Cuando la empresa es una “sociedad”, al ser persona jurídica, se produce una separación entre la empresa y el empresario, pues las “personas jurídicas” son sujetos de derecho distintos de sus miembros y sus patrimonios son independientes, y por ende, los miembros de la sociedad no responden individual ni colectivamente de las obligaciones de la empresa, salvo las excepciones establecidas en este código.

      La “empresa individual” por el contrario, no es persona jurídica, no es persona distinta de la persona física que la instituyó, sino la misma persona, que para este efecto debe llamar a la empresa por su nombre y apellido. Solo así se justifica que la empresa pueda adquirir derechos y obligaciones, que es lo que caracteriza a las personas físicas. Al no existir una separación entre empresa y empresario, se mezclan en una misma bolsa todos los bienes de su patrimonio, y por ende, la responsabilidad del empresario por las obligaciones contraídas por la empresa podría afectar a todos sus bienes y no solamente a los bienes aportados a la empresa.

      De hecho, esto es lo que sucedía antes del reconocimiento de la “empresa individual de responsabilidad limitada”, por la Ley del Comerciante, del año 1983, la cual es un arbitrio legal que permite a una persona física capaz de ejercer el comercio, limitar su responsabilidad al capital asignado a una empresa, sin tener que asociarse a otras personas, o sea, sin tener que constituir una sociedad. Pero de todos modos su responsabilidad es personal, sólo que no alcanza a todos sus bienes, sino sólo a los aportados a la empresa.

      Existen otros elementos de juicio a considerar en la tarea de decidir qué forma jurídica asumirá la empresa, como por ejemplo, la cantidad de formalidades que la ley exige en su constitución y funcionamiento, y ese suele ser el elemento que prima en los empresarios a la hora de decidir. Una Empresa Individual de Responsabilidad Limitada exige menos formalidades en su constitución y funcionamiento que una sociedad, cualquiera sea la clase

      Esto es una ventaja pero tiene una contracara: la falta de mecanismos de control y organización podrían afectar negativamente al crecimiento de la empresa. Por ello, este tipo jurídico suele ser utilizado en su mayoría por pequeñas y medianas empresas, pero no por grandes empresas.

      Las sociedades, por el contrario, si bien tienen la desventaja de que en su constitución y funcionamiento son más formales, tienen la ventaja de que los mecanismos de control y organización que la ley les exige favorecen el buen funcionamiento de la empresa, ya que existe un estructura organizada donde cada órgano cumple una función y para cada función se ha previsto un órgano encargada de ejecutarla.

            Como vemos, se trata de una decisión trascendente y para tomarla, es necesario tener claros los conceptos que hemos analizado.

 

Para quien desea iniciar una empresa –familiar o no- resulta de gran trascendencia discernir algunos conceptos básicos relativos a su naturaleza jurídica, pues una empresa producirá consecuencias jurídicas si bien su intención no es esa, sino que es generar ganancias a través de la producción de bienes o servicios.

            Cuando hablamos de “naturaleza jurídica” nos referimos a si la empresa es persona “física” o es persona “jurídica”. De ello depende si la responsabilidad del empresario por los daños causados a terceros es personal o no. Es decir si responde personalmente por los daños causados a terceros o si por el contrario, responde el “ente” que es la empresa.

            Entonces, hay dos tipos de “personas” reconocidas por nuestro ordenamiento jurídico: las personas físicas y las personas jurídicas. Quienes son personas físicas? Lo somos los seres humanos, seres de carne y hueso, integrantes de la especie “animal”, miembros de la “naturaleza”, al igual que los demás seres vivos o inanimados creados por Dios.

            Y qué es la persona jurídica? Es una creación del hombre destinada a favorecer el comercio y la convivencia pacífica entre los hombres que lo practican. Es un ente “moral”, a diferencia de la persona física, que es un ente “natural”.

            Y bien, la empresa en el Paraguay no es una persona jurídica a no ser que asuma la forma de sociedad. Es decir que hablar de “empresa” no es lo mismo que hablar de “sociedad”. La sociedad es el ropaje jurídico de la empresa, hay una relación similar a la que existe entre un vaso y el líquido allí contenido. El vaso es la sociedad y el contenido es la empresa. Podría existir una empresa que no asuma la forma de sociedad, pero no podría existir una sociedad que no contenga a ninguna empresa, pues la empresa es lo que proporciona su razón de ser a la sociedad.

            Recapitulando, ¿por qué estos conceptos son importantes para un empresario? Porque el empresario deberá decidir qué ropaje asumirá su empresa: si será una sociedad o será una empresa individual de responsabilidad limitada/o ilimitada. Y de esa decisión depende si su responsabilidad por los daños causados a terceros será personal o no lo será, y en caso de ser personal, si responderá con todos sus bienes o solo con los bienes aportados a la empresa.

      Cuando la empresa es una “sociedad”, al ser persona jurídica, se produce una separación entre la empresa y el empresario, pues las “personas jurídicas” son sujetos de derecho distintos de sus miembros y sus patrimonios son independientes, y por ende, los miembros de la sociedad no responden individual ni colectivamente de las obligaciones de la empresa, salvo las excepciones establecidas en este código.

      La “empresa individual” por el contrario, no es persona jurídica, no es persona distinta de la persona física que la instituyó, sino la misma persona, que para este efecto debe llamar a la empresa por su nombre y apellido. Solo así se justifica que la empresa pueda adquirir derechos y obligaciones, que es lo que caracteriza a las personas físicas. Al no existir una separación entre empresa y empresario, se mezclan en una misma bolsa todos los bienes de su patrimonio, y por ende, la responsabilidad del empresario por las obligaciones contraídas por la empresa podría afectar a todos sus bienes y no solamente a los bienes aportados a la empresa.

      De hecho, esto es lo que sucedía antes del reconocimiento de la “empresa individual de responsabilidad limitada”, por la Ley del Comerciante, del año 1983, la cual es un arbitrio legal que permite a una persona física capaz de ejercer el comercio, limitar su responsabilidad al capital asignado a una empresa, sin tener que asociarse a otras personas, o sea, sin tener que constituir una sociedad. Pero de todos modos su responsabilidad es personal, sólo que no alcanza a todos sus bienes, sino sólo a los aportados a la empresa.

      Existen otros elementos de juicio a considerar en la tarea de decidir qué forma jurídica asumirá la empresa, como por ejemplo, la cantidad de formalidades que la ley exige en su constitución y funcionamiento, y ese suele ser el elemento que prima en los empresarios a la hora de decidir. Una Empresa Individual de Responsabilidad Limitada exige menos formalidades en su constitución y funcionamiento que una sociedad, cualquiera sea la clase

      Esto es una ventaja pero tiene una contracara: la falta de mecanismos de control y organización podrían afectar negativamente al crecimiento de la empresa. Por ello, este tipo jurídico suele ser utilizado en su mayoría por pequeñas y medianas empresas, pero no por grandes empresas.

      Las sociedades, por el contrario, si bien tienen la desventaja de que en su constitución y funcionamiento son más formales, tienen la ventaja de que los mecanismos de control y organización que la ley les exige favorecen el buen funcionamiento de la empresa, ya que existe un estructura organizada donde cada órgano cumple una función y para cada función se ha previsto un órgano encargada de ejecutarla.

            Como vemos, se trata de una decisión trascendente y para tomarla, es necesario tener claros los conceptos que hemos analizado.